Resumen: preciosas indicaciones para la gestión
emocional del puerperio. Breves indicaciones sobre cada una de las
emociones básicas: alegría, tristeza, enfado, miedo, sorpresa, asco
Suelo llamar al proceso del puerperio “El gran descubridor”.

Durante
el puerperio, la madre va a experimentar toda una avalancha de
sensaciones, emociones, pensamientos, sentimientos…. Todo aparece, los
miedos, las inseguridades, los dolores pasados y presentes, las dudas,
la incertidumbre, todas y cada una de las sombras de nuestro espíritu,
todos y cada uno de las cosas que no nos hemos dicho, que nos hemos
ocultado a nosotras mismas, son puestas al “descubierto” durante el
puerperio. Por eso puede ser un tiempo tan maravilloso como aterrador. Y
no, no tiene nada que ver con “las hormonas”. Tiene que ver con la
gestión emocional, de la que tanto hablamos y tan poco utilizamos, sobre
todo cuando hablamos con nosotros mismos (siempre es más fácil
gestionar al otro, acompañar las emociones de otro, acoger las emociones
de otro… con las nuestras, suele costarnos un poquito más).
Voy a hacer un repaso de las emociones básicas, sus peculiaridades
durante el puerperio, y cómo una doula puede acompañarlas y ayudar a la
mamá a gestionarlas.
ALEGRÍA: Es fácil de gestionar, pues sólo requiere acompañamiento y
celebración. En el puerperio es la emoción “que se supone”, parecería
que las madres recientes “tienen” que estar felices y satisfechas. Tiene
sentido, por supuesto, la alegría nos informa de que hemos conseguido
una meta, y en el puerperio lo que hemos conseguido es conocer por fin
la carita de nuestro hijo o hija. Esto produce mucha alegría, y es
fundamental acompañarla incondicionalmente. Nada hay que “desinfle” más a
una puérpera que el de al lado no pueda disfrutar de su alegría. La
doula tiene que evitar los comentarios tipo: “qué alegre estás… y con la
pena que yo tengo de que no lo pueda conocer su abuelo(u otro familiar
difunto)”, “hija, estás tan contenta que da hasta asco”, “ya, ya, ahora
estás muy contenta, ya verás cuando crezca, los disgustos que te va a
dar”, “uy, qué pegadita la tienes, ésta no te la despegas en la vida, ya
te arrepentirás” (ojo, todos son comentarios verídicos que he escuchado
y he tenido que gestionar en mis acompañamientos). En los momentos en
que la madre está alegre, lo ideal sería que todos a su alrededor
participaran de esa alegría y celebraran con ella esa felicidad.
TRISTEZA: También muy presente en el puerperio, es frecuente que a
las madres se las censure en esos momentos de tristeza. Parece como si
sólo tuviera derecho a estar feliz… y cuando no es así todo el entorno
se agobia. Tan normal y sano en el puerperio es estar feliz como estar
triste. Porque la tristeza nos informa de que hemos perdido algo, y en
el puerperio una madre pierde muchas cosas, y según cómo haya sido el
parto, la gestión de esas pérdidas puede ser muy dura. Una madre se
pierde a sí misma durante el puerperio. Su cuerpo ha dejado de ser el
mismo, ha perdido la barriguita a la que tanto le costó acostumbrarse,
que estaba deseando dejar atrás… pero ahora que no la tiene la echa de
menos. Su mente también ha cambiado, es incapaz de concentrarse en algo
que no sea su niño, las mamás con una intensa vida profesional antes del
embarazo pueden sentir una pérdida importante, y por tanto tristeza. La
vida social, la manera de relacionarse con el mundo una vez que se
tiene un hijo, ya nunca será igual, y aceptarlo cuesta, es una pérdida
que también nos entristece (por mucho que deseáramos al niño y por muy
mentalizados que estuviéramos sobre la cuestión)
Si además de todo, el parto ha sido instrumentalizado, no respetado,
si la mujer siente que “se ha perdido algo”, o peor aún, que le han
robado su momento (y el parto es un momento fundamental en la vida de
una mujer), puede sentir tristeza (y también enfado, pero de ese ya
hablaremos más adelante). Así, el trabajo de la doula en los momentos de
tristeza es acompañar y permitir el llanto de la madre, tanto como
relajar y tranquilizar a los acompañantes, explicando que es un proceso
normal y que la madre lo único que necesita es un hombro sobre el que
llorar y desahogarse (ideal si el hombro puede ser el de la pareja, pero
si no es posible, los hombros de las amigas y amigos, de los familiares
cercanos, y de la doula, tienen que estar a disposición de la madre), y
tiempo para asumir las pérdidas inherentes al proceso de traer una
nueva vida al mundo.
ENFADO: Esta emoción es compleja porque en general se censura, y no
es extraño que las mujeres disfracemos el enfado de tristeza, una
emoción más “aceptable” en una mujer. El enfado nos informa de que se
han sobrepasado nuestros límites y nos da la energía necesaria para
“atajar” la situación que ha provocado ese agotamiento de nuestra
paciencia. La expresión sana del enfado es algo tremendamente necesario
en esta sociedad, porque en general gestionamos el enfado o de forma
agresiva (más aceptable en los hombres) o de forma pasiva (más aceptable
en las mujeres), atacando o resignándonos. Aristóteles decía que
enfadarse es fácil, que lo difícil era enfadarse con la persona
correcta, en el momento adecuado, y con la intensidad adecuada. Tenemos
que aprender mucho sobre la gestión del enfado (yo la primera, os
confieso que me cuesta muchísimo expresar adecuadamente mi enfado, y
trabajo cada día para conseguir el ideal aristotélico). A una puérpera
le cuesta especialmente gestionar su enfado, primero por el hecho de ser
mujer en una sociedad que tolera mal que las mujeres pongan límites (a
sus familias, maridos, jefes, a los hombres en general…), y segundo
porque el puerperio es un proceso que tiene que ver sobre todo con
acoger y proteger, y biológicamente la mujer puérpera está llena de
oxitocina y prolactina, hormonas “antienfado” por excelencia. La doula
tendrá que estar muy atenta a los pequeños signos de enfado, para animar
a la mujer a poner límites. También puede “aliarse” con la pareja de la
mujer, o con algún familiar, para que ayuden a la puérpera a decir que
no, a enfadarse, vamos, para entendernos, para echar a las visitas
cuando ya empiecen a molestar!!!
MIEDO: Otra emoción básica que es muy frecuente en el puerperio. El
miedo nos informa de que algo puede ser peligroso, nos insta a huir o a
escondernos, y esa huída puede expresarse de múltiples maneras: Dejar al
niño al cuidado de otros, no responsabilizarse de él, evitar cogerlo,
bañarlo, etc… La doula deberá estar atenta a estos signos para
“destapar” la emoción subyacente. Durante el puerperio todo es nuevo, y
en general lo nuevo, lo desconocido, nos provoca miedo. Por tanto el
miedo será una emoción que tengamos que gestionar a menudo. Es
fundamental que la doula ayude a la madre y a la familia en general a
expresar los miedos claramente, pues muchas veces la inseguridad, el
miedo al coger al niño, la tensión que nuestros cuerpos soportan en esos
primeros días, se “transmiten” al bebé, que al captar que el cuerpo que
le coge está tenso, lo vive como una experiencia de inseguridad, y
llora porque no sabe qué está ocurriendo. Yo animo a las mamás a que
expliquen a su bebé qué les “pasa por dentro”, si están asustadas, si no
saben qué hacer, si se desesperan… que lo verbalicen, que lo cuenten,
que se lo cuenten al pequeño. Simplemente hablando podemos darnos cuenta
de que el miedo se diluye. El miedo nos paraliza sobre todo si no
hablamos de él ni lo hacemos consciente, cuando lo enfrentamos, somos
capaces de ponerlo en su justa medida, de darnos cuenta de que no era
para tanto. Es importante informar a la madre de todas las cosas que le
pueden pasar al niño y que son normales: pequeñas ronchas en la cara,
quejidos durante el sueño, llantos sobre todo a última hora de la tarde,
gases… y darle herramientas para mejorar esas pequeñas molestias, que
se sienta capacitada para ayudar a su bebé en el tránsito del mundo
uterino al mundo extrauterino.
Muy importante es que la doula gestione sus propios miedos, y pida
ayuda ante situaciones que no se le hayan presentado antes o para las
que no tenga respuesta. Igual que los coach emocionales necesitan de vez
en cuando convertirse en coachees, la doula necesita de vez en cuando
ser “douleada”.

SORPRESA:
Como el miedo, tiene que ver con lo que no conocemos, pero nos
despierta curiosidad, no la reacción de huída típica del miedo, sino una
reacción más bien de acercamiento. Suele ser fácil de gestionar, porque
provoca una alegría interna con cada descubrimiento. Yo, tras años y
años trabajando con niños, me sigo sorprendiendo de las enormes
capacidades que tienen los recién nacidos, de cómo se “agarran” a la
vida, de cómo son capaces de superar cosas que ningún adulto podría. Me
sorprende la expresión sabia de sus ojos cuando te miran, que parece que
te atraviesan, que saben lo que piensas y lo que sientes. Me sorprende
su infinita necesidad de ternura y suavidad, y cómo responden cuando la
reciben. Y sí, me sorprende la enorme capacidad de amor y sacrificio que
tienen la mayoría de las madres. Una madre me contaba que ella se
sentía culpable porque no sentía amor por su hijo. Le pedí que me lo
explicara, porque para mí era evidente que ese amor existía, en cómo
acariciaba a su hijo, en cómo lo miraba…. Ella me dijo que su mente
sabía que el niño necesitaba eso, y que por eso se lo daba, pero no lo
sentía en su corazón. Este sentimiento de extrañeza es más frecuente de
lo que se pudiera imaginar, y tiene que ver con la sorpresa. Todas las
madres y padres se han hecho una imagen de su hijo… que normalmente no
tiene nada que ver con la imagen del niño REAL, y esa diferencia entre
su hijo imaginado y el real les causa sorpresa y extrañeza. En algunas
madres la extrañeza es tal que llegan a tener la idea falsa de que les
han cambiado al niño, que “ese” no es su hijo o hija. Es fundamental que
la doula hable de este tipo de sentimientos con los padres, incluso
ANTES del nacimiento del niño, que comprendan que son sentimientos
TOTALMENTE NORMALES, que conocer a su hijo es un poco como enamorarse,
que se abran a las sorpresas que les trae ese pequeño ser, a las
sorpresas que implican crear una familia.
ASCO: El asco nos informa de que hay algo en nuestra vida que tenemos
que eliminar, que sacar fuera, que “vomitar”. En el puerperio es
frecuente que ciertas cosas que antes nos gustaban, o nos eran
indiferentes, empiecen a darnos asco. Muchas madres fumadoras me cuentan
que durante el puerperio el humo del tabaco las hacía vomitar, igual
que en el embarazo (otras habrían deseado que fuera así, para que fuera
más fácil dejar de fumar!!!), o madres que adoraban un tipo de comida y
en el puerperio no pueden ni probarla. Más duro es cuando nos dan “asco”
algunas personas cercanas. E incluso trágico si el que nos inspira esa
emoción es nuestra pareja, o incluso nuestro recién nacido. Es
imprescindible que la doula ayude a la madre a expresar esta emoción,
que cuando se refiere a nuestra pareja o hijo suele ser pasajera y estar
en relación con algún trauma, ya sea infantil o durante el parto, a la
sensación de haber sido “violada” o violentada de algún modo. Por
desgracia vivimos en un país en el que la violencia obstétrica es algo
que está a la orden del día, el número de mujeres que se han sentido
violentadas o agredidas durante el parto sigue siendo demasiado elevado,
y aunque se van abriendo iniciativas para humanizar el parto, para
intervenirlo lo menos posible, para dar intimidad y voz a las mujeres,
aún son tímidas y no están todo lo implantadas que sería deseable. La
doula tiene que estar especialmente atenta cuando ha acompañado un parto
muy intervenido, o que ha terminado en cesárea, ya que en este caso el
establecimiento del vínculo con el bebé es más complejo (al igual que es
más compleja la lactancia materna), y la emoción del asco en relación
con el bebé, con la pareja, o con la esfera sexual en general, puede
aparecer incluso meses después.
Espero que este breve repaso os haya sido útil. El mundo de la
gestión emocional es complejo y mucho de lo que aquí pongo tiene que ver
con mi opinión y mi experiencia personal, animo a todas las doulas
(realmente yo animo a todas las personas, pero especialmente a aquellas
que trabajan con otras personas, y aún más a los que son padres y madres
o desean serlo) a formarse en gestión emocional y a encontrar su propio
camino.
Entrada escrita por Teresa Escudero, doula emocional
Fuente: http://antonioesquivias.wordpress.com