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viernes, 10 de enero de 2014

Afirmación para el Parto: Yo sé Parir

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Ilustración Verónica Trepie
"Yo se parir.
Como parieron las mujeres que me precedieron.
Mi madre, mi abuela, mi bisabuela, mi tatarabuela,
Y así hasta la primera mujer.
Lo llevo grabado en mis células.
Es su legado.

Mi cuerpo sabe parir.
Como sabe respirar, digerir, engendrar, andar, hablar, pensar.
Está perfectamente diseñado para ello:
Mi pelvis, mi útero, mi vagina,
son obras de ingeniería
al servicio de la fuerza de la vida.

Yo soy ‘la que sabe’.
Y ‘la que sabe’ me susurra:
‘Cabalga la energía de las contracciones como si fuera el éxtasis,
Loba, leona, hiena, yegua, zorra, gata, pantera…
Encuentra tu hembra de poder y conviérte en ella’.
Y siendo ella, mamífera todopoderosa, doy a luz."

Mónica Manso

miércoles, 15 de mayo de 2013

Disfruta tu parto, no tengas miedo

Una buena información y preparación ofrece seguridad en las mujeres hacia lo desconocido en el momento de dar a luz

Disfruta tu parto, no tengas miedo
Parir es algo natural. Algo inherente a los mamíferos. Esto es una verdad absoluta. Llevamos haciéndolo desde el comienzo de los tiempos y, sin embargo, suele ser, para muchas mujeres, un gran misterio. Misterio al que muchas se acercan con miedos, dudas, temores que hacen que se bloqueen y las cosas se tuerzan. Cada vez más expertos están convencidos de que una mujer tranquila, con la mente centrada en abrir su cuerpo (porque eso es parir, abrirse), confiada en su naturaleza mamífera y sus capacidades para sacar adelante la vida humana, es una mujer con mayores capacidades de sacar adelante un parto poco o nada intervenido; es decir, sin oxitocina, sin fórceps, sin la terrible maniobra de kristeller o la de Hamilton y, por supuesto, sin cesárea (tan necesaria muchas veces para salvar vidas).
Sin embargo, ¿qué pasa entonces que tantas mujeres acuden temerosas, incluso llorando a dar a luz? Generalmente es una mezcla de miedo a lo desconocido pero, sobre todo, falta de información. Escuchar durante años el relato de partos terribles hace mella y, aunque la mayoría acaban felizmente, muchas se quedan con los que terminan mal e inevitablemente acude a la mente el pensamiento: «Esto me puede pasar a mí».
Información, comprensión y cariño. Tres factores fundamentales. Si hay un momento único, especial y maravilloso en la vida de una mujer, ése es el del embarazo, parto y puerperio. Toda nuestra función biológica, de hecho, está diseñada para este suceso. Para gestar y alumbrar vida. Por eso es tan importante acudir a centros donde nos sintamos entendidas, respetadas y tratadas como seres adultos y responsables con capacidad para decidir. No todos los centros de preparación al parto son iguales. En ABC hemos encontrado uno que cumple esos requisitos y que lleva ya más de 15 años funcionando. Se trata de Más Natural. Su directora, Cristina Núñez, una mujer serena y capaz de entender todos y cada uno de los procesos de este momento tan especial.
—¿Existe un parto ideal? ¿Cómo lo defines?
—El parto ideal es aquel que se desarrolla de la manera más adecuada a las condiciones de la parturienta y su hijo, tanto físicas como mentales y emocionales. No hay un modelo único, puede ser un parto vaginal eutócico pero también la cesárea y los fórceps serán herramientas útiles cuando sean necesarios. Un parto es salud, ha de ser una experiencia gratificante, compensada y maravillosamente transformadora. Conllevará vivir una serie de contracciones que irán ganando en intensidad, frecuencia y duración. Si las vivimos desde la perspectiva de que es algo saludable que nos está ocurriendo y que nuestro cuerpo está perfectamente preparado para ello, nos entregaremos a ella. Como consecuencia, la forma de percibirlas será positiva, y el instinto nos irá guiando tanto en posturas como en otras actuaciones. Es importante entender que en salud las contracciones se van sucediendo de menos a más, y que entre cada una de ellas habrá un tiempo de descanso que nos permitirá relajarnos y recuperar el resuello. Además, nuestro cerebro las registrará como dolencia e irá liberando al torrente sanguíneo unas sustancias analgésicas que irán equilibrando el proceso, las endorfinas, que nos ayudarán, además, a entrar en una especie de trance.
—¿Por qué tantas mujeres en nuestra sociedad no lo viven así?
—Porque nos han infundido miedo al parto. Cuando tenemos miedo, la reacción natural de nuestra musculatura es tensarse, y por tanto «cerrarse», y el parto es «abrir». El útero y el cuello del útero son músculos. Desde la falta de información podríamos pensar que tener contracciones es estar de parto pero esto no es así, pues parto es igual a contracciones efectivas, y la efectividad se valora por el grado de dilatación del cuello uterino. Yo puedo, a pesar de estar muy tensa por cualquier circunstancia, relajar mi musculatura volitiva, la que depende de mi voluntad. Pero la del cuello uterino no lo es, así que repercutirá negativamente en la dinámica de dilatación, haciéndola más lenta o incluso ineficaz. Además, este exceso de tensión añadirá a cada contracción un dolor innecesario y tampoco conseguirá la relajación necesaria posterior, desvirtuando el equilibrio del mismo. El resultado será cambio de dolencia por dolor con mayúsculas, y por lo tanto más miedo y más tensión. Además este dolor hará que la inteligencia natural de nuestro cuerpo ya no considere el proceso como algo saludable, sino como algo negativo que le está ocurriendo, y sustituirá estas endorfinas que comentaba antes por otras llamadas catecolaminas, neurotransmisores cuya función es alertarnos para que tomemos medidas, como la lucha, la huída… inhibiendo por tanto la producción de endorfinas. Más dolor, más miedo y más tensión. Es una pescadilla que se muerde la cola, y lo que comenzó como algo saludable y perfecto acaba siendo una experiencia desgraciadamente dolorosa y por tanto problemática, susceptible de necesitar ayuda profesional. Pero no nos damos cuenta de la repercusión que ha tenido nuestro miedo y cuando el parto ha acabado con problemas pensamos qué razón tenían los que lo temen. Es importante entender que el parto no es una acción como tal, como tampoco lo es la gestación. Muchas veces confundimos el instinto de protección y supervivencia, que nos salvan la vida, con el miedo, que es algo muy distinto.
—¿Por qué dice que el parto no es una acción en sí misma?
Porque no es volitivo. No depende de nosotras el momento de ponernos de parto, ni cuando nos vienen las contracciones, ni lo que duran, ni lo que nos dilatamos con cada grupo de contracciones… Es cierto que el obstetra o matrona puede introducir en nuestro torrente sanguíneo oxitocina sintética que provoque contracciones, pero como hemos visto si no son efectivas, no se considera parto. El parto es un permiso, que yo doy a la Madre Naturaleza para que siga actuando en mí como hasta ahora, o no se lo doy y me resisto a ella. Vivirlo con confianza y aceptación, o con resistencia, cambia absolutamente el desarrollo del mismo.
—¿De dónde cree que viene el miedo social? ¿Por qué cree que las mujeres tenemos tanto miedo al parto si existen muchos más casos de partos felices y fáciles que todo lo contrario?
—Muchas de las mujeres que conocemos que ya han parido no nos cuentan maravillas precisamente. Hablan de dolor, de episiotomías… Además algunas han acabado en distocias, como fórceps o cesárea. Su resumen es que el parto es doloroso, y encima peligroso. Con esa información, ¿cómo no habríamos de tenerle miedo? Aunque sean pocas, cada una pensamos ¿me podría ocurrir esto a mí? Todo esto se resume en la importancia de conocer qué es el parto y cómo se desarrolla, hacerse todas las pruebas de diagnóstico oportunas que nos demuestran que todo está bien. Aprender a reconocer cuándo estoy en salud, y aquellas sintomatologías que nos avisan cuándo no lo estoy, o cuándo podría no estarlo, y saber qué hacer en cada caso, me parece fundamental y debería ser un punto fuerte en todo curso de preparación al parto. Si todo está bien, podremos confiar y por tanto permitir. Una mujer en trabajo de parto empoderada escuchará su instinto, el cual le guiará entre otras cosas sobre sus movimientos en cada momento, irá buscando su postura de mayor confortabilidad, afectando muy positivamente en su estado general. Para mí la frase de poder es «yo confío, yo permito, yo me entrego, yo me abro...». Si confío, permito. Si permito me entrego. Y si me entrego, me abro.
—¿Cree que se ha medicalizado el parto en exceso? ¿Por qué?, ¿en qué?
—En general sí, aunque es algo que en los últimos años está tendiendo a cambiar. Puede haber determinadas circunstancias en la mujer o en su bebé intrauterino que no sean saludables y que requieran un control cercano del proceso, con actuaciones que pueden surgir repentinamente, o incluso la necesidad o conveniencia de una cesárea programada. Y también que incluso lo que comenzó como parto saludable pueda darse la vuelta en un momento dado y acabar distócico, requiriendo una cesárea o un fórceps. Esto forma parte de la vida y benditos sean la ciencia médica, los profesionales, los sistemas de diagnóstico y los hospitales. Gracias a Dios y a la Madre Naturaleza esta casuística es muy baja, pero cuando se da, gracias a los avances en medicina están salvándose la mayoría de los casos.
Pero una cosa es hacernos todos los controles preventivos y otra acusar a los médicos cuando algo no sale como esperábamos, hemos de entender que Dios sólo hay uno y que ellos hacen lo que sí está en sus manos. En los últimos años está habiendo un gran número de demandas en el campo de la obstetricia. La Ley permite demandar a un profesional con razón o sin ella, con pruebas o sin ellas, y esto ha hecho que hoy se trabaje desde la inseguridad, el recelo y muchas veces el miedo. En el caso de un parto, hacemos al obstetra responsable de un proceso que si ha comenzado bien, casi en su totalidad dependerá del estado emocional y mental de la parturienta como hemos visto, y esto no es justo ni razonable. Les exigimos que actúen, como si fuera una operación, pero ellos no pueden operar en un proceso que no es suyo sino de la mujer. La forma de protegerse entonces del abuso de tanta demanda injustificada es una política de actuación que se resume en toda una serie de protocolos preventivos estipulados también durante el proceso de parto, los cuales suelen incluir administración de oxitocina sintética y monitorización constante, que en muchos casos implica inmovilización. Como hemos visto, ambas actuaciones son contrarias a la sabia naturaleza del proceso, pero es su única forma posible de control. Como he dicho previamente, esto está comenzando a cambiar al ver que los resultados no están siendo los deseables.
—¿Qué opina de los partos en casa?
—Creo que cada mujer tiene el derecho, y la ley en España se lo permite, de elegir la forma en que desea, en salud, dar a luz a su hijo. Por supuesto que un parto en casa requerirá de unos diagnósticos previos perfectos, una preparación consciente del proceso y de una asistencia médica como los hospitalarios, porque como hemos visto en algún momento lo que iba bien puede darse la vuelta. Lo que sí está más que comprobado es que la mayoría de los partos caseros se desarrollan y finalizan en salud, y la experiencia es sumamente satisfactoria para ambas partes, madre-padre-hijo y también para el/la profesional que lo ha asistido. Si en un momento dado algo se torciera, la labor profesional será llevar a la mujer inmediatamente al centro más cercano, que ya tendrá en mente previamente. Nada se deja para último momento, estas decisiones están previamente pensadas y consensuadas con la mujer y con su pareja en caso de que la hubiere. En Holanda por ejemplo es el modo habitual de parto y está cubierto en su totalidad por la Seguridad Social. Si fuera realmente peligroso, ¿sería posible que la ley en España lo permitiera, o incluso lo favoreciera la holandesa? Si las consecuencias de este tipo de partos fueran negativas, ¿habría matronas u obstetras que se prestarían a asistirlos, jugándose no sólo la vida de la madre o su hijo, sino también la cárcel? Parece poco razonable. Como he dicho, hay algunos casos, pocos, que terminan en hospital, pero cuando ocurre alguno, el volumen de resonancia social es alto y da la sensación de que son más de los que son.
—¿Cree que en España las cesáreas se hacen muchas veces sin necesidad? ¿Qué muchas son evitables?
Hay que diferenciar entre las cesáreas programadas y las cesáreas de urgencia. Sinceramente creo que cuando se practica una cesárea de urgencia es porque se ha visto necesaria desde el punto de vista obstétrico, y no podemos olvidar que una cesárea necesaria salva vidas. Cuando una mujer vive su parto por cesárea tiene muchas veces la sensación de fracaso, pero es importante que entienda que una cesárea también es un éxito en determinadas circunstancias, y que valore la visión del profesional en que ha puesto su confianza. Es posible que en alguna ocasión un mal profesional haya practicado una cesárea por prisa o por otra razón egoísta, pero hemos de ser respetuosos y no meter a todos en el mismo saco. Lo que sí puede ocurrir, es que como consecuencia de cargar toda la responsabilidad de nuestro parto en el obstetra, en algunos casos se haya podido determinar esta práctica sin dejar pasar el tiempo suficiente para ver si la situación riesgosa a la que ha llegado, vuelve a desenvolverse con normalidad. En todos los partos suele haber momentos de mayor tensión fetal y la mayoría se resuelven de manera natural. ¿Deberíamos entonces practicar cesáreas a la mínima de cambio? Eso sería un retroceso en la atención al parto.
Respecto a las cesáreas programadas, también en los últimos años han aumentado, en muchos casos de manera muy favorable, por diagnósticos fetales o maternos que la ciencia ha puesto a nuestro alcance, como ecografías u otras pruebas que determinan problemas fisiológicos en madre y/o hijo que supondrían imposibilidad o gran riesgo. En otros casos de manera menos favorable, creo que las estadísticas muchas veces nos confunden, pero todo esto está poco a poco cambiando, por ejemplo hace años se daba por hecho que una mujer que había parido por cesárea previamente no era susceptible de vivir saludablemente un siguiente parto de forma vaginal, programándosele una cesárea. Hoy en día, estudiando cada caso, cada vez hay más mujeres que después de una cesárea, incluso dos, han parido saludablemente a su segundo o tercer hijo, PVDC (parto vaginal después de cesárea) o PV2C (parto vaginal después de 2 cesáreas). Estos y otros avances están suponiendo un cambio muy positivo a mi manera de ver en la asistencia al parto en España.
—¿Qué es un parto respetado? ¿Qué son los planes de parto?
—Es un parto informado y consensuado, la mujer es valorada durante su gestación y en los últimos estadíos se la indicará qué tipo de parto se presume más conveniente o necesario, incluyendo la cesárea programada si es el caso. Aquí es importante decir que si no está conforme con la opinión de su obstetra, tiene el derecho de pedir una segunda opinión. A su llegada al hospital, será valorada de nuevo y asistida de acuerdo a sus condiciones. Si ésta es positiva y todo está en salud, no se practicarán protocolos preventivos sino que se la permitirá libertad de movimientos en los intervalos entre las monitorizaciones, que no serán constantes, así como durante el expulsivo. Se respetarán sus ritmos y podrá estar acompañada en todo momento de la persona que desee, favoreciéndose la intimidad que el proceso requiere. Podrá hidratarse y alimentarse. El personal que la atienda lo hará con profesionalidad pero también con dulzura, y será felicitada y animada. Estará informada en todo momento que lo solicite del curso del proceso, y siempre en caso de que aparezcan anomalías en el mismo. Además se la consultará en caso de que surjan dos posibilidades viables. Y por supuesto, si previo al parto o durante el mismo surgiera la necesidad de una cesárea o cualquier otra actuación, también se considera un parto respetado cuando haya un acuerdo respetuoso por ambas partes. Todo esto requiere por parte de la parturienta un conocimiento previo, no necesariamente muy profundo, pero sí que conozca lo qué le está pasando y lo que puede esperar. Sin información, podríamos hacer peticiones carentes de toda lógica y prudencia, que por supuesto no serían atendidas.
—¿Está de acuerdo en que a las mujeres se nos trata con demasiada frecuencia como niñas inmaduras a la hora de parir no dejándonos guiar por nuestro instinto mamífero?
—Sí, es muy posible, pero creo que la responsabilidad es nuestra. Exigimos al obstetra que todo salga bien y le acusamos si algo no ocurre acorde a nuestros respetables deseos, sin darnos cuenta de que es una exigencia irrazonable por su naturaleza misma, él no se puede meter dentro de nosotras y parir. Nosotras nos responsabilizamos de nuestro miedo y sus consecuencias, y ellos se apoyan en las herramientas que tienen, sus protocolos de actuación. Como consecuencia de la información que cada vez manejamos más mujeres, podemos ponernos en su lugar y en el nuestro, y llegar a un entendimiento mutuo, y luego preguntar y consensuar los modos de actuación más adecuados.
—¿Por qué la gente tiende a centrarse en el bebé y olvidar a la madre que tiene la misma necesidad de atención al menos a nivel emocional?
—Sí creo algunas personas lo hacen, pero que más que la gente, somos nosotras mismas las que ponemos al bebé y sus necesidades muy por encima, y no nos damos cuenta de que durante la gestación, el parto y nuestros primeros años de vida juntos, el bebé y nosotras somos prácticamente la misma persona, y lo que es bueno o malo para nosotras también lo será para ellos. Mientras el bebé está dentro de nuestro cuerpo, recibe de manera constante nuestra sangre filtrada a través de la placenta, aportándole hidratación, alimento, oxigenación y hormonas. Desde hace algunos años de manera científica se ha demostrado que además contiene la información codificada de las emociones que en cada momento tenemos y que circulan por nuestro torrente sanguíneo de manera habitual, y las sentirá como propias. Él no tendrá elaboración de pensamiento hasta que no adquiera un vocabulario, pero la ciencia nos dice que el niño intrauterino es un clon emocional de su madre. El momento de parto es especialmente importante, porque mientras que no podemos considerarlo como una acción para nosotras, podemos decir que él sí nace como acción. Guiado por su instinto, ha de ir bajando por el canal de parto y girando de manera adecuada y en cada momento oportuno para que todo se desarrolle bien. De la misma manera que para su madre son importantes la confianza y el empoderamiento para permitir el proceso, para él lo será igualmente para poder escuchar y guiarse bien por su instinto. Es fácil darnos cuenta de que si la madre tiene miedo, él también lo tendrá, no se planteará a qué o por qué, pero lo tendrá, y todos sabemos que el miedo no es buen amigo. Y si la madre está empoderada, su hijo naciente también lo estará.
—¿Por qué son necesarios centros como el suyo y en qué se diferencia de otros que ayudan/preparan a la mujer para el parto?
—Necesarios no, pero sí convenientes. El trabajo con el miedo es fundamental, de hecho, cuando en nuestro entorno no hemos tenido la suerte de obtener información adecuada, sí conviene acudir a un buen profesional que nos dedique el tiempo que requiere cambiar estos patrones que apoyan la desconfianza y el miedo para poderlos sustituir por confianza, seguridad y empoderamiento. Nuestro programa está destinado a informar y apoyar a aquellas mujeres que desean disfrutar de una gestación saludable y de una experiencia de parto disfrutado. Nuestro centro, además de estas cuestiones primordiales, trata el tema de la alimentación y remedios naturales a dolencias típicas de la gestación, clases de yoga, de respiraciones, reflexoterapia, cuidados del bebé, lactancia…
Termino diciendo que hay muchas mujeres que no han hecho ningún curso de preparación y han parido estupendamente sin epidural ni otro analgésico que no haya sido los que de manera natural el cuerpo produce en estos casos. Lo que sí han tenido en común todas esas mujeres es su confianza en el proceso, resultado de la información adecuada, haya sido por parte de su madre, de amigas que ya hayan dado a luz o quizá de manera intuitiva han sabido lo que les contamos en clase, que la Madre Naturaleza las ha dotado no sólo con la capacidad de gestar criaturas con toda perfección, sino también de parirlas de una forma gratificante y disfrutada. 

Fuente: abc.es

martes, 27 de marzo de 2012

Masajes, Reflexología y otras Terapias para el embarazo.


A muchas mujeres les gustaría evitar los métodos farmacológicos o invasivos para el tratamiento del dolor , y esto puede contribuir a la popularidad de los métodos complementarios de control del dolor. Una reciente revisión Cocrhane ha examinado las pruebas actualmente disponibles apoyan el uso de métodos de curación manuales que incluyen masajes y reflexología para el tratamiento del dolor durante el parto. Parece ser que el masaje puede reducir el dolor y además mejorar la experiencia emocional de la mujer durante el parto,aunque son necesarios más estudios en este sentido.
Smith CA, Levett KM, Collins CT, et al. Massage, reflexology and other manual methods for pain management in labour. Cochrane Database Syst Rev. 2012 Feb 15;2:CD009290. (Review)

lunes, 26 de marzo de 2012

La Doula y el miedo en el parto.

Cada día miles de mujeres se ponen de parto y miles de familias reciben a sus nuevos bebés, en su mayor parte en hospitales. Y cada día, las mujeres llegan al parto preguntándose cómo podrán afrontar las contracciones y el dolor.
Analizar el dolor en el parto es algo que muchos expertos han intentado y que ha hecho correr auténticos ríos de tinta. La autora Verena Schmid, por ejemplo, hace un fantástico análisis en su libro El dolor del parto. Como ella refleja, el dolor en el parto está siempre influenciado por más factores de los que se suelen mencionar. Cuestiones físicas, psicológicas y emocionales se unen a las influencias ambientales referidas tanto al espacio como a las personas que nos rodean en el momento del parto para hacer que la percepción del dolor sea una u otra, dependiendo de cómo cada factor actúe en su momento. Por tanto, cada mujer en su parto tendrá percepciones distintas.

El papel de la doula en el miedo al parto

La doula y el miedo al parto
Las doulas no somos la solución definitiva para evitar el dolor del parto, no somos el milagro para tener partos sin dolor. Pero, las doulas sí somos quienes nos sentamos con la mujer durante el embarazo o incluso en el parto, ofreciendo comprensión y apoyo que se traducen en seguridad y paz. Dos cosas que en el momento del parto son fundamentales. Quizás sea ese motivo, uno de los que provocan que diversos estudios y metaanálisis hayan documentado menor necesidad de anestesia epidural y mejor recuerdo del parto en aquellos nacimientos que han sido acompañados por doulas. Se trata de sacar miedos, inseguridades, nervios y tensiones para sembrar tranquilidad, seguridad, paz y confianza. Eso es lo que intentamos acompañando el camino de las mujeres a su parto, al nacimiento de sus bebés: que cada mujer viva las olas de su mar del modo que desee, pero desde la tranquilidad y el apoyo que necesitan.

Para dilatar en el parto es necesario relajar

Por otra parte, tenemos esa palabra que tanto asusta a veces a las mamás y a los papás: contracción. Cuando alguien la nombra muchas caras cambian en una sala llena de mamás y papás en espera de su bebé. Las propias caras se contraen en un gesto de tensión y esto es un ejemplo de lo que hace en nosotras la contracción. Evidentemente la palabra es absolutamente correcta, pues se trata de un espasmo de las fibras musculares que forman el útero, que en el momento del parto están en un intenso trabajo de contracción para que el parto sea posible. Pero, ¿qué ocurre con ese término al nombrarlo? ¿Qué nos hace sentir? En general, nos hace sentir tensión. Si nos hace sentir tensión, luchamos contra lo que significa. Nos ponemos más tensas cuando lo que necesitamos es precisamente lo contrario: dilatar. Y para que nuestro cuerpo pueda dilatar, una de las mayores ayudas es intentar relajar.

El parto culmina con la celebración de la vida

Es importante desterrar la asociación de dolor igual a enfermedad. Una asociación que tenemos absolutamente integrada y que en el caso del parto no es cierta. El parto no es una enfermedad, sino un proceso absolutamente natural y fisiológico que culmina con la celebración de una nueva vida, si todo sucede como esperamos. De este modo, con nuestra asociación entre la enfermedad y el dolor y de éste con el parto, conectamos directamente el parto con la enfermedad, haciendo que la inseguridad y el miedo aparezcan y apliquen una presión extra como factor psicológico y emocional durante el parto a la mujer. Al margen de la existencia demostrada de partos naturales sin dolor e incluso placenteros, el dolor no es sino un síntoma de que algo ocurre en nuestro cuerpo o de que algo va a ocurrir. Pero no es una enfermedad en sí, ni nos confirma siempre que aparece que una enfermedad nos llega o ya está instalada en nosotros. Si asumimos e integramos esto, romperemos la asociación dolor igual a enfermedad y nuestra presión disminuirá, y con ella nuestra percepción del dolor.
Beatriz Fernández, doula
Beatriz FernándezDoula en todas las etapas de la maternidadEspecializada en Duelo Prenatal y Neonatal
Asesora de Porteo Respetuoso
Técnico en Educación Infantil
Colaboradora de GuiaInfantil.com

domingo, 1 de enero de 2012

La dimensión espiritual del parto.



Preparación al parto: clases, revistas, libros, infinidad de materiales y profesionales de todo tipo se dedican a preparar a las embarazadas para el parto. Casi siempre esa preparación consiste en explicar las fases del parto, los mecanismos físicos y biológicos que lo desencadenan, las posturas… y cosas tan obsoletas y absurdas como “enseñar a respirar”. En muchos casos, todavía se prepara a la mujer para aceptar todo tipo de técnicas o procedimientos que se le harán en el hospital estén o no indicados…Por desgracia en muchos lugares la preparación es para la “sumisión en el parto” , dando mensajes seudotranquilizadores a la mujer del tipo “no te preocupes, que en el hospital todo estará controlado”, “tienes que confiar en que los profesionales harán todo por tu bien y el de tu bebé”, etc. En casi toda esta preparación se niega por completo la dimensión espiritual del parto.
Y es que el parto es un profundo viaje interior, una experiencia que roza lo místico, seamos o no religiosas. Conocer esta dimensión espiritual del parto parece importante para que cada mujer pueda vivir su parto de la mejor manera. Conocer todo lo que conlleva el parto permite salir siempre reforzada del mismo, independientemente de cuál sea el resultado final.
El parto es un viaje interior, una transición, una travesía que en un momento dado cada mujer debe realizar sola, por muy acompañada y sostenida que esté. Siempre hay un punto en el que eres tú y tu dolor, tú frente a tus miedos, tú frente a tus ganas de escapar, tú frente a tu dificultad para dejarte llevar, para dejar de controlar, para abandonarte y CONFIAR. Cuando ya sientes que no puedes más, cuando el dolor te ciega y te rindes y dices me rindo, entonces pasa el dolor otra vez y llega la calma, la belleza, esa sensación que te da la oxitocina entre contracciones y hace que todo te parezca bellísimo. Sí, es un viaje y una travesía interior el parto, y si lo entiendes y lo vives, el aprendizaje luego te sirve para todo en la vida, para todas las crisis, las contracciones siempre vienen y van, siempre es difícil confiar. Si las mujeres escucharan ese tipo de relatos, si estuviesen preparadas para saber que habrá un momento critico en el parto, un momento en el que saldrán sus miedos, sus demonios, y pudiesen pensar cómo los afrontarán, qué tipo de ayuda querrán entonces… Si sólo con oír una voz dulce que te dice “va todo bien, sigue…” te puede valer o no, o si alguien te recuerda “es tu bebé, déjale nacer, confía en él…”
Para ilustrarlo, un maravilloso relato de una madre, Nerea Nara, que dedicó muy especialmente a su doula, Ana Merino:
“Me despierta el dolor; las contracciones son agudas y regulares; el mecanismo increíble de la naturaleza se ha despertado, no hay marcha atrás. Siento excitación ante lo desconocido, es como prepararse para una gran fiesta en medio del dolor. Sonrío, sonrío y gimo. Me postro en el suelo con cada contracción – devuélvele a la tierra lo que es suyo-, me doy cuenta de que me encuentro en un estado de ensoñación e hiperconsciencia. Siento tanta serenidad y a la vez tanta energía que quiero quedarme aquí eternamente… quiero poder volver a este momento siempre que lo necesite.
Dejarse llevar, ¡disfrutar!, dejarse mecer, pero duele, me resisto, ahora viene, ahora se va -no luches contra el dolor, sumérgete en él- y me voy abriendo, voy comprendiendo, lloro de felicidad y algo luminoso estalla junto a mi ojo izquierdo. Miro al padre de mi hijo y quiero regalarle el secreto, pero no puedo hablar. Él ha comprendido, nos abrazamos. Tengo que deshacerme de mi mente. Sacudo con fuerza la cabeza, no puedo preguntar, ni saber, ni analizar, ni pensar. Por eso hay penumbra; no hay momento del día, no hay adentro y afuera. Creo que tengo que perder el control. No puedo parir con la cabeza, sólo puedo hacerlo con el cuerpo, con el instinto, y he de ir mucho más allá. Me siento ligera aunque sigo inclinándome hacia el suelo. Ah, son reverencias. Ah, soy un animal. Presa del pánico; de repente siento miedo ante la libertad. Nadie me puede indicar si lo estoy haciendo de la manera correcta, porque no existe la manera correcta. Vértigo, y liberación. Más contracciones, grito sin restricciones, es salvaje. ¿Y si es demasiado salvaje? Ahora soy una niña. Lloro, pregunto. Necesito que me digan que lo estoy haciendo bien. Me lo dicen, pero no me consuelo. Me doy cuenta de que no sirve de nada. Me siento sola y perdida, aturdida, casi siento rabia… y entonces dejo de buscar afuera; la única manera de seguir adelante es mirando y escuchando hacia dentro. Más adentro, más adentro está la voz. Ahí. Ahora sí, todo es como tiene que ser.
Y continúo, más allá de la experiencia, del umbral del dolor, del tiempo, de todo lo conocido. Es una experiencia iniciática. Si supero esta prueba, habré crecido milenios. Habré retrocedido hasta el principio mismo del cosmos. Ahora hay un obstáculo; es Alén, ¿no quiere nacer? pierdo mi identidad para que él pueda avanzar. Tengo que hacerlo… pero entonces me difumino, me fundo, pierdo la fuerza, me desvanezco, me hundo. Me voy abajo, muy adentro, demasiado… está oscuro y pesa. Es la muerte; me dejo. Hay alivio, pero no puedo descansar. Temo no poder volver. Temo por la vida de mi hijo, reacciono, me desespero; no tengo poder sobre mi cuerpo, estoy tan exhausta que ya no puedo conectar. Tengo muchísimo miedo, tanto que digo la palabra “hospital”, tiemblo. Suplico, me arrastro. Me reincorporo con ayuda. Me animan. Tengo que poder. Tengo que poder. Y puedo. Necesito agarrarme a la gente, a la carne, a la tierra, grito, no grito, soy un grito, ya no sé, estoy fuera de mí, empujo con una fuerza descomunal desde adentro… y mi hijo sale de mí. Y ya no hay nada más. Lo sostengo contra mi pecho, todo alrededor es dulce, es caliente, es una cabeza diminuta en mi mano, es un aullido extático, es sangre, palpita, se mueve… me mira fijamente; es un ser. Se ha creado dentro de mí, ha nacido al mundo a través de mí; es mi hijo, pero no es mío. Es la vida. Es maravilloso. ¡Lo he conseguido! Sí, he muerto y no he vuelto; he ido más allá. He atravesado la puerta, y he nacido a una nueva vida junto a mi hijo.”